domingo, 3 de febrero de 2008

Desidia

Jacob comprobó que permanecía frente a la misma escena dantesca que hacía dos segundos. Sabía lo que debía hacer pero el vil hastío inundaba la estancia y se sentía incapaz de mover un músculo. Oyó la puerta del ascensor en la distancia.

Durante un fugaz instante Culpa, una arpía desdentada con vestido de tull morado, gritó cosas sin sentido en su cabeza. La escopeta de Desidia acalló su voz. Ese día la caza había sido mediocre, estaba frustrada, era domingo de rebajas y los centros comerciales de la ciudad rebosaban de actividad. De acuerdo, pensó Jacob, por hoy has ganado, fregaré los platos cualquier otro día.

El hedor a restos de comida pudriéndose era tal que los médicos debieron abrir las ventanas antes de levantar el cuerpo sin vida de Jacob. Dios mío! Que vergüenza, pensó.

1 comentario:

dafne cinemateka dijo...

Acepta la desidia e intenta dar el máximo de tu empeño para sorprender a quién tienes a tu lado