02:07 h
Habitación 511, Hotel Harumi
Tokio
El calor es sofocante fuera del continuo chorro de aire climatizado de la habitación. Anouk, mientras se rasca bajo la ropa interior, observa como la luz difusa de la luna ilumina la polución y le permite ver la silueta de la ciudad recortada contra ella. Medio minibar no ha conseguido hacerla dormir y la idea de saltarse la primera conferencia de la mañana no ronda por su cabeza, sino que ya ha amordazado a Sentido del Deber y amenaza con cortarle una oreja. Conciencia, mientras, duerme abrazada al water.
Una lejana sirena de emergencia rompe el silencio, si eres lo suficiente crédulo como para llamar así a la ausencia de ruido en Tokio. No pasan ni diez segundos cuando oye como puertas correderas en pisos superiores se abren con curiosidad. “Perfecto, al menos no seré la única que le va a costar dormir esta noche”. Los balcones en los edificios al otro lado de la avenida se van poblando de fisgones, oteando a oscuras el horizonte en busca del origen de la sirena. “Tal vez debería ir a ponerme una camiseta” piensa.
Cuando se gira para entrar en la habitación ve por el rabillo del ojo como tres balcones más allá un tipo occidental grandote en camisa y corbata, pero sin pantalones, señala al cielo. Lo que ve al girarse la deja confundida.
Lentamente una pequeña sombra difusa cruza delante de silueta de la luna. Tarda apenas un par de segundos, pero le da tiempo para verla claramente a través de la bruma de contaminación. Se gira en busca de la mirada cómplice del tipo sin pantalones, pero este permanece absorto mirando al cielo con la boca abierta.
La frase de su infancia: “¿Es un pájaro?, ¿es un avión?…” y la imagen de Christopher Reeve en silla de ruedas le vienen de repente a la cabeza. Corre en busca del mando de la tele. No está encima del escritorio ni sobre la cama, palpa debajo de la almohada sin éxito, busca en el baño junto al inodoro y en la papelera. Finalmente abre la puerta de la mini nevera y ve el mando junto unas latas de cerveza marca Asahi, le sigue pareciendo, al igual que hace una hora, que tienen demasiado texto en la etiqueta como para que el sabor se parecezca en algo a la cerveza europea.
Al encender la televisión encuentra la misma frase sobreimpresionada en todos los canales: “NO SIGNAL”
Sentido de Supervivencia acaba despertarse como si llegase una hora tarde a trabajar.
sábado, 9 de agosto de 2008
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