La historia del hombre croqueta se remonta a finales de los años ochenta cuando yo aún iba al colegio, por aquel entonces el Will Smith llevaba chándal fluorescente y la gorra torcida y las bolsas de patatas fritas nos regalaban unos cachos de cartones redondos para jugar a un juego que nadie entendía. En ese preciso momento el hombre croqueta no era sino el niño croqueta y yo un pringao delgaducho cuya única habilidad era poder cantar en japonés la letra de Heidi.
Este niño croqueta en cuestión fue nombrado caballero en la farola de en frente de mi casa y delante de la carnicería de su padre, la Miri, me dejó en ridículo bajándome los pantalones frente a todas sus amiguitas, aquel vínculo cósmico pasó inadvertido para nosotros hasta el día en que la profesora-vejestorio de sociales, alias “la mosca”, cágate, descubrió la taimada conspiración del que suscribe para colocarle una chincheta en la silla.
Y es que cuando la profe se gira y te pilla con una chincheta en la mano, de pie, en medio de una clase, quizás no llegue a comprender todas las particularidades de tu endiablado plan, pero el golpe occiso-contuso del borrador en la zona parietal derecha de mi cabeza te deja muy claro que esta jugada no era nada nuevo para ella.
Don Paco, el director, hombre de mundo e incompetente declarado me obligó, como castigo, a recoger los borradores de todas las clases y luego sacudirlos, hete ahí una ironía más de la vida.
sábado, 25 de abril de 2009
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3 comentarios:
Jajaja, mala suerte. Y menudo colocón de tiza. Es que intentar ponerle una chincheta delnte de sus narices era una misión suicida.
No sé, me quedé con la sesación como de querer seguir leyendo.
Escribes genial.
Besos
Son ciertos los rumores de que el Croqueta se convirtió después en Arquitecto??
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